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domingo, 2 de agosto de 2015

¿Qué hacen las personas más eficaces? combinan dos cualidades: el foco y la energía.




Las personas más eficaces combinan dos cualidades: foco y energía.

El foco hace que nada los distraiga de la búsqueda de su objetivo.
La energía los impulsa a realizar el esfuerzo necesario para asumir las cargas de trabajo adicionales y cumplir con los plazos.
Al colocar las dos características en una matriz foco-energía, surgen cuatro tipos de conductas gerenciales:

Dilación, propia de quienes carecen de foco y de energía;
Desmotivación (foco alto, con un bajo nivel de energía);
Ansiedad (gente energética, pero desenfocada), y
Determinación (cualidad de quienes muestran altos valores de foco y energía).

Fueron las conclusiones de un estudio que duró 10 años observando la conducta de líderes atareados de un grupo de grandes compañías, entre ellas Sony, LG Electronics y Lufthansa, y descubrieron que el 90 por ciento despilfarra su tiempo en todo tipo de actividades inútiles y que sólo el 10 por ciento lo emplea de manera sensata y confiable.

la conclusión de que los más eficaces combinan dos cualidades: foco y energía.

Foco significa atención concentrada, capacidad de orientarse hacia una meta y de no descansar hasta alcanzarla.
Las personas con buen foco no se sienten obligados a responder automáticamente a todas las cuestiones que se les cruzan en el camino, pues prefieren que nada los distraiga de la búsqueda de sus objetivos. Saben qué quieren lograr, y sopesan cuidadosamente sus opciones antes de decidir el curso de acción. Y, como se comprometen sólo con uno o dos proyectos clave, les dedican toda su atención.
a segunda característica es la energía, es decir el vigor alimentado por un intenso compromiso personal. La energía es lo que impulsa a las personas a realizar el esfuerzo necesario para enfrentar las cargas de trabajo adicionales y cumplir con los plazos.


Según los autores si bien el foco y la energía son rasgos positivos, ninguno de los dos alcanza, por sí solo, para generar el tipo de actitud resuelta que las personas necesitan.

El foco sin energía da lugar a una ejecución apática y consumida.

La energía sin foco se disipa en una ocupación sin un propósito claro o, en su forma más destructiva, en una serie de fracasos inútiles. Se descubrió que, si se colocaba las dos características en una matriz, podrían ofrecer una estructura útil para diagnosticar las causas de la actividad improductiva y encontrar las fuentes de la acción decidida y resuelta.

El gráfico titulado "Matriz foco-energía" identifica cuatro tipos de conducta: 

Desmotivación,
Dilación,
Ansiedad y
Determinación.

La conclusiones señalaban que esos comportamientos reconocen causas internas y externas.

Algunas personas nacen con altos niveles de energía, mientras que otras son, por naturaleza, más reflexivas. Pero es importante no pasar por alto el contexto personal de estas conductas. Algunas personas se desarrollan la cultura de vivir "apagando incendios"; otras engendran conductas cínicas y, consecuentemente, bajo nivel de compromiso.

Los dilatadores

Aproximadamente el 30 por ciento de las personas, carece tanto de foco como de energía. Los denominamos dilatadores. Si bien cumplen con esmero las tareas rutinarias —asistir a reuniones, escribir memos, realizar llamadas telefónicas, etcétera—, fallan a la hora de tomar la iniciativa, mejorar el nivel de desempeño o comprometerse con la estrategia. Algunos dudan, como Hamlet, hasta que la ventana de oportunidades de un proyecto se ha cerrado.

Los desmotivados

Un 20 por ciento de las personas pertenece a la categoría de los desmotivados: su foco es alto, pero tienen un bajo nivel de energía. Algunos están sencillamente agotados y carecen de recursos internos para recuperar el vigor. Otros sienten que no pueden comprometerse con tareas que les significan muy poco. Los gerentes desmotivados plantean fuertes reservas sobre el trabajo que se les solicita, y lo abordan con indiferencia.
Muchos practican una forma de negación que llamamos "evasión defensiva". En vez de reconocer la existencia de un problema y tomar medidas para subsanarlo, se autoconvencen de que el problema no existe.

Los ansiosos

El grupo más numeroso de personas —más del 40 por ciento integra la categoría de los ansiosos. Son aquellos individuos bien intencionados, con alta energía pero desenfocados, que confunden movimiento frenético con acción constructiva. Cuando están bajo presión, sienten la necesidad de hacer algo, lo que fuere. Esto los hace tan peligrosos como un elefante en un bazar.

Los que poseen determinación

Alrededor del 10 por ciento de los gerentes estudiados  eran altamente energéticos y su foco también era alto. Las personas que poseen determinación no sólo hacen un esfuerzo mayor que los demás, sino que cumplen más a menudo con las metas cruciales de largo plazo. Suelen conocerse más a sí mismos que la mayoría de la gente. El hecho de tener en claro lo que se proponen, combinado con una férrea voluntad, los ayuda a administrar bien su tiempo. 

Eligen sus objetivos —y sus batallas— con mucho mayor cuidado que los demás.

Tomar decisiones meditadas puede ser un proceso difícil e incluso doloroso.

Se puede evitar que evitemos la energía o foco, o ambas cosas. Lo cual implica prestarle más atención a la forma en que cada persona percibe el significado de su trabajo, en un sentido amplio: cuáles son los desafíos que enfrenta y con qué margen de autonomía contamos. Sólo puede lograrse con el compromiso, la implicación y la motivación .


Con una metáfora sorprendente, el escritor francés y piloto en la Segunda Guerra Mundial, Antoine de Saint-Exupéry, les indicó a su equipo el rumbo correcto:

 "Si quieren construir un barco, no les pidan a los hombres que vayan al bosque a buscar madera, la corten y luego claven las tablas. En vez de hacer eso, enséñenles a anhelar el mar". 

Este "anhelo del mar" proviene, en el caso de las personas, de dos fuentes: un desafío significativo y una elección personal. Si combinamos el desafío y la elección con una intensa sensación de urgencia, habremos avanzado mucho en la creación de una receta para el éxito verdadero.

Fuente: Cuidado con el gerente ocupado, HBR

jueves, 26 de diciembre de 2013

El éxito objetivo y subjetivo



El éxito puede ser tanto objetivo como subjetivo. Ahora que cada vez más personas priman sus propios criterios por encima de los tradicionales, es de suma importancia comprender las claves que conducen al éxito en un entorno de trabajo tan competitivo como el actual. 

Por ello, la profesora del IESE Mireia Las Heras, junto con Douglas T. Hall (Universidad de Boston), Mary Dean Lee (Universidad McGill) y Ellen Ernst Kossek (Universidad Estatal de Michigan), ha seguido la trayectoria de un grupo de directivos y profesionales de alto nivel durante seis años para ver en qué medida conciliaban el éxito profesional con su vida familiar.

¿Éxito objetivo o subjetivo?

Los autores establecieron dos categorías de éxito: el objetivo, es decir, el que se mide en base a indicadores observables por los demás, como el nivel de ingresos y el cargo, y el subjetivo, o sea, la percepción personal sobre la valía de los propios logros. 

A partir de esta distinción, estudiaron la trayectoria de un grupo de personas que habían decidido reducir su carga de trabajo para dedicar más tiempo a su vida personal y familiar. Después analizaron si seis años después la situación seguía siendo la misma y cómo veían la evolución de su carrera profesional y de su vida en general. 

Los autores también examinaron la relación entre el éxito profesional objetivo, relativo a los ascensos, salario y estatus, y el subjetivo, relacionado con el bienestar psicológico. Su objetivo era identificar qué factores y acontecimientos, tanto organizacionales como personales o familiares, tenían más peso en la satisfacción global de los participantes.

Cuatro grupos de personas

Sorprendentemente, los resultados no mostraron una correlación clara entre el éxito profesional objetivo y subjetivo. Para analizar por qué, los autores dividieron a los participantes en el estudio en cuatro grupos.

Personas de éxito profesional, tanto objetivo como subjetivo. Este grupo se componía principalmente de directivos que habían recuperado su jornada laboral completa, tenían un alto grado de responsabilidad y trabajaban más horas a la semana que los demás grupos. 

La mayoría asociaban el éxito profesional con los ascensos. Sin embargo, manifestaron que con el tiempo habían dejado de querer seguir subiendo peldaños en la organización. Sabían lo que querían y trabajaban duro para conseguirlo, pero no perdían de vista su vida personal. 

Personas de éxito profesional objetivo pero no subjetivo. Aunque la mayoría en este grupo deseaban trabajar a tiempo parcial, con el tiempo volvieron a hacerlo a tiempo completo. Tan solo uno de ellos logró mantener un horario de trabajo reducido, pero aun así no le resultaba fácil. 

Ya fuera por necesidades económicas o presiones de la empresa, la mayoría se vieron obligados a trabajar más de lo que les habría gustado. Y muchos mostraron su disgusto con los efectos de esta situación en sus relaciones personales.

Personas con un éxito profesional objetivo bajo y subjetivo alto. A diferencia de los del grupo anterior, estos habían conseguido mantener una carga de trabajo reducida. Algunos incluso optaron por hacerse autónomos al ver que su empleo a tiempo parcial era muy exigente y afectaba demasiado a su vida personal. 

Estas personas decidieron conscientemente dar prioridad a su vida personal o familiar frente a su carrera profesional, una solución de compromiso con la que se sentían bastante cómodos.

Personas con un éxito profesional tanto objetivo como subjetivo bajos. 
Al principio, a la mayoría de los miembros de este grupo les iba bien, y la mitad querían progresar. Pero, con el tiempo, su suerte se torció. Algunos habían perdido su empleo y dos tercios trabajaban como autónomos a tiempo parcial. 

Sus quejas más comunes eran la inseguridad laboral y económica, así como acontecimientos personales y familiares que alteraron sus vidas. Dos personas mencionaron los sacrificios que tuvieron que hacer en su carrera profesional para atender crisis familiares, enfermedades o necesidades especiales. 

En resumen, estas personas aspiraban al éxito profesional y todo lo que se asocia a él, pero no pudieron alcanzarlo por razones que escaparon a su control. 

Deconstrucción de la mística del trabajoEste estudio aporta una visión más matizada de la "mística del trabajo", según la cual la obsesión por la carrera profesional implica sacrificios personales que llevan a resultados negativos. 

Algunas personas con una clara orientación al trabajo, sobre todo los del primer grupo de estudio, son capaces de hallar un equilibrio entre el compromiso con su carrera y el que tienen con su familia, alcanzando el éxito tanto a nivel objetivo como subjetivo. 

No obstante, cabe destacar que estas personas también eran el principal sostén económico y sus cónyuges asumían un papel relevante en los asuntos familiares. 

Los miembros del segundo grupo muestran que no es necesario obsesionarse en tener una carrera exitosa para experimentar logros profesionales sostenidos. De todas formas, para hacer realidad su visión del éxito debieron desafiar los estereotipos sobre los roles familiares y de género, así como la competencia profesional. 

Es algo que en menor medida también debieron hacer los miembros del primer grupo, que tuvieron que renunciar a seguir ascendiendo profesionalmente en algún momento de sus carreras para dedicar más tiempo a su vida personal. 

Habrá que continuar investigando para entender por qué algunas personas tienen un fuerte sentido de las prioridades personales y siguen su propio camino, mientras que otras se abandonan a la mística del trabajo. 

Entre tanto, el reto para las empresas será ayudar a los empleados a alcanzar el éxito profesional objetivo sin hacerles renunciar a sus propios criterios sobre lo que significa triunfar.

Fuente: Iese Insight